Vivir en comunidad puede ser un reto mayúsculo. Y es que, si bien la mayor parte de las personas son cívicas y se comportan en pos de un bienestar común, esto no garantiza que el entorno siempre esté libre de ruidos molestos. Cabe destacar, en este respecto, que algunos estudios han reflejado que más del 30% de las quejas vecinales se refieren al ruido. Esto puede ser desde algún vecino que no respeta algunas de las normas comunes y altera a los demás, hasta cuestiones de infraestructura. ¿Pero cómo se puede reaccionar a estas situaciones? ¿Qué opciones existen para lograr una vida menos ruidosa sin tener que mudarnos? Para empezar, ¿qué es y qué no es “ruido”?

¿Qué es ruido excesivo?

La convivencia entre múltiples individuos en una comunidad genera, inevitablemente, que el ruido sea una parte del día a día. Y no se puede negar que resulta complicado saber dónde está el límite entre lo que es el ruido normal de una rutina diaria y el ruido que sobrepasa ese límite, ya que algunas personas son más sensibles al ruido que otras. Para eso, las comunidades autónomas y autoridades locales establecen un máximo de decibelios (dB) en horario nocturno para intentar garantizar el descanso de todos. Este límite suele estar en torno a los 30dB. Tomando esa cifra como referencia límite, debemos tener presente que estaremos en nuestro derecho de reclamar siempre y cuando haya una reiteración en dicha dinámica y se pueda demostrar que está, en efecto, interfiere con el desarrollo de una actividad normal.

Tipos de ruido

Entendiendo el límite y dónde empiezan nuestros derechos y acaban los de los demás, merece la pena repasar a qué tipos de ruidos podemos tener que enfrentarnos –ya que no siempre son originados por un vecino-:

El ruido estructural

Este es el menos común pero, a la vez, el más “sencillo” de solucionar. La infraestructura de una comunidad es responsabilidad de la misma, por lo que se deben disponer los medios necesarios para solucionar problemas de ruido –y de cualquier otro tipo- que puedan surgir. ¿Lo más fácil y rápido? Hablar con el presidente de la comunidad para gestionar la solución lo antes posible.

El ruido de mascotas

Una mascota mal educada, nerviosa o con falta de cuidados puede comportarse de manera imprevisible. Esto afecta, por supuesto, al ruido que pueda hacer. En este sentido, habría que recurrir a lo estipulado por la normativa municipal en cada caso para saber cómo proceder. Sea como fuere, y aunque haya variaciones, lo que normalmente establece la ley es un máximo de animales de compañía por vivienda, así como un límite de horas en las que pueden estar en una terraza o balcón. Este es el caso en el que más importante es denunciar en caso de incumplimiento de ley, ya que no sólo protegeremos nuestro derecho como vecino si no que estaremos protegiendo también al animal o animales en cuestión.

El ruido vecinal

Este es el más común pero también el más ambiguo. El ruido realizado por vecinos –tanto en sus propias viviendas como en zonas comunes- en muchas ocasiones está condicionado por la sensibilidad particular de cada individuo. En cualquier caso, si se convierte en una molestia insoportable, lo conveniente es consultar la normativa municipal del ayuntamiento. Llamar a la Policía puede ser una buena solución inmediata, pero tiende a generar fricciones en la convivencia. Siempre que sea posible es conveniente optar por el diálogo o comentarlo en las reuniones de propietarios de la comunidad. Es importante recordar que una buena convivencia vecinal es resultado del esfuerzo de todos. Cuanta más empatía y buena predisposición haya, normalmente menos serán los problemas. Para todos aquellos casos que se salgan de esta norma, existen las normativas autonómicas y municipales, y en último caso la Policía.